Con el nuevo día, un partido nada atractivo abría la jornada de la Copa del Mundo: Eslovaquia-Nueva Zelanda. Personalmente, pensaba que era el partido más débil de la primera fase. Pero eslavos y kiwis dieron una muestra de algo que muchos otros equipos no tienen: corazón.
Un partido que pintaba aburrido nos mostró que de garra también se hace el fútbol. Para mí, los últimos cuatro minutos, con los neozelandeses volcados a conseguir el empate que finalmente lograron, fueron de los más emocionantes del mundial. Ojalá los Grecia y Argelia del mundo entendieran.
Luego de una corrida al supermercado para comprar algunas provisiones para que mi novia se recuperase de una gripa que no la dejó dormir, llegué corriendo al que consideraba el partido de la jornada: Portugal-Costa de Marfil. Dos equipos en boga, unos por Cristiano Ronaldo, otros por Didier Drogba. Ninguno fue protagonista, aunque de CR7 hay mucho que analizar.
Luego de una dura falta de la defensa marfileña al minuto 7, el portugués se encaró con Zokoró por la entrada. La cosa pudo haber llegado a mayores, pero la rápida intervención de los veteranos Kolo Touré y Deco lo impidió. ¿Cuál era el motivo del disgusto? ¿Qué el defensa hizo su trabajo -la entrada fue dura, pero no sucia- y no permitió la escapada de Ronaldo? ¿Por qué cada vez que algo no le sale tiene una carita de niño regañado y triste?
Ese es uno de los puntos flojos del "fenómeno": No sabe controlar sus emociones, por lo que tiende a no sobresalir en los juegos que verdaderamente cuentan. Los números lo demuestran: CERO goles contra el FC Barcelona en Champions o La Liga. Si, es finísimo crecerse y hacer fama a costa de los pequeños, pero mejor es hacerla cuando verdaderamente se necesita.
El juego terminó empatado a cero, con un Costa de Marfil que propuso más, pero que le faltó referente de área, incluso con Drogba en cancha. El del Chelsea tiene miedo al choque -su estilo de juego- debido a la fractura en su brazo, incluso jugando con su super-protector-indestructible de silicona.
En el intermedio, corrida a los bancos. Dos bancos, y en día de cobro. Para entretenerme, encontré este artículo de Rick Reilly en ESPN sobre lo que no le gusta del Mundial. A Reilly lo leo y respeto, uno de los mejores columnistas en inglés de la cadena junto a Bill Simmons. Pero a leguas se nota que de fútbol no sabe ni una pipa. ¿Las vuvuzelas? Ok, quejate lo que quieras de las vuvuzelas. ¿Pero del sistema de disciplina y el tiempo añadido? Se nota que el gringo desconoce que el factor humano es muy importante en el fútbol. "¿Podrían imaginarse a un referee sacando una tarjeta en una riña entre Ron Artest y Paul Pierce?", argumentaba. No, no me lo imagino, porque el fútbol se juega en un campo de cien metros y no en un mini-tabloncillo donde el contacto físico es parte de la regla. Tampoco me imagino un reloj inverso fijo a 45 minutos. La MLS lo intentó y no lo logró. Deja la quejadera y si no te gusta el fútbol y el Mundial (Y su copa, ¡Oh Dios!, ¿De verdad prefieres el trofeo de Serie Mundial a la Copa FIFA?) no lo veas.
Punto final de la jornada: Brasil- Corea del Norte. Parálisis absoluta en Venezuela. Se aoían gritos que no se oyeron con ninguna otra selección. ¡Uuuuuu!, ¡Aaaaaah! era la regla de un primer tiempo que vio a un equipo asiático sin complejos frente al "penta". Pero la clase le sale por los poros a los canarinhos. Maicon, aprovechando un descuido del portero norcoreano -que no se posicionó en su palo, sino que se adelantó al centro-, le abrió la puerta al triunfo brasileño. Elano (este nombre, junto con el de Pierre Webó, el objeto de la mayor cantidad de chistes en todo el país) puso el segundo y se veía una goleada en camino. Pero no. Ji descontó frente a una escuadra que terminó pidiendo la hora.
De los favoritos, el único que parece haber cumplido es Alemania. Mañana es el turno del nombre de las quinielas: España. Frente a una dura y ordenada Suiza, no predigo un juego sencillo, más bien trabado. Aunque los helvéticos sin Frei pierden potencia al ataque, un veterano de la Premiership como Senderos. Ojalá en la prensa no se prendan las alarmas cuando el resultado sea apretado.




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