sábado, 12 de junio de 2010

Diarios del Mundial: Día 2



El segundo día del mundial comenzó para mi en un lugar que no visitaba desde hacía muchos años: El Maní es Así. El céntrico local -templo criollo de la salsa- también estaba contagiado de la fiebre del fútbol. Lo extraño, al menos para un observador externo, eran las simpatías de los bailarines: Alemania se llevaba, de calle, las preferencias de los asiduos. Habían más camisetas germanas que de los otros 31 equipos juntos, además que no había ninguna chilena, por ejemplo.




Con los compases de la orquesta, también aprendí que la salsa es todo un arte. Uno que, además, todo el mundo interpreta a su manera. Luego de tres horas viendo parejas ir y venir de la pista -yo soy más tieso que un palo e’ escoba, aunque me sacaron dos veces y no hice el ridículo-, pude agrupar a los bailarines en seis categorías:
Los “ladrillito”: Para ellos basta un espacio mínimo para hacer lo suyo. Pasos cortos, cuerpos pegao’s y nariz con nariz. No duran más de dos piezas y ya pasan a “otro negocio”.
Los  ”piernúos”: La categoría aplica a los hombres que insisten en meter su pierna -generalmente la izquierda- dentro de las de su pareja de baile. Aunque se entiende como una búsqueda desesperada de intimidad, si no hay compenetración en el baile se pueden ver dos o tres traspiés por cada pieza. Algunas de las mujeres del local lo calificaron como el peor estilo de baile.
“Yo vengo del barrio”: El “tumbao” es distintivo, los movimientos fluidos. Son años, décadas quizás, de práctica.  Son calificados como las mejores parejas de baile. Si no, pregunten a Nitu Pérez Osuna, quien ni corta ni perezosa, le tomó la palabra a un catiense hace unos primero de enero atrás.
Los “Showmen/ShowWoman”: Bailan buenísimo, pero le ponen un performance a sus interpretaciones. Rodilla en tierra y persignarse, stops totales según el ritmo de la canción, entre otras, son sus marcas de fábrica.
Los “Salsa-Casino”: De estos abundan los muchachos de clases media y alta. La manera de bailar -el tumbao de las caderas femeninas, la amplitud de los brazos- es totalmente diferente. Cuando hacen su rueda e’ pescao puede ser divertido.
Los naturales: Hay gente que tiene talento y que se nota que está en otro nivel. Los pasos, las vueltas, los movimientos. Esos son los naturales.
De vuelta al Mundial: luego de una noche de salsa, pararse a las 6 a.m. para ver a dos equipos que a muy pocos le causan gracia en Venezuela parecía misión imposible. A las en punto sonó el despertador y, para no despertar a mi novia, opté por la táctica de los audífonos. Pegados a la TV simplemente escuché los comentarios del partido. Para evitar el chorrero de luz que un aparato grande puede provocar en una habitación pequeña, simplemente bajé todo el brillo y el contraste. Mucho #WIN: yo  escuché el partido y ella siguió durmiendo. Ganaron los coreanos y los griegos… bueno, aún viven de la Eurocopa 2004.
Entre ese juego y el de Argentina, las cosas volvieron a la normalidad. Gracias a un comentario dejado el en el post sobre las vuvuzelas, descubrí que podía tener una en mi teléfonoPuede pulsar acá si tiene un iPhone y quiere dejar sordos a sus amigos. Causó gracia en la función que tuve horas después, pero sólo por un rato.
Argentina-Nigeria: Messi, Maradona. Golde Heinze -si Heinze, el descarte del Madrid- al minuto seis, cuatro o cinco genialidades de la pulga y un par de contrataques de las Àguilas. Chao pescao’. Me fui a la función de Toy Story 3 -la reseña el jueves-, porque iba a hacer el Inglaterra-Estados Unidos de la tarde. O al menos eso creía.
El estreno de la nueva película de Disney/Pixar se retrasó más de dos horas. “Es que los proyectores 3D no llevan cinta sino que hay que descargar la película a una computadora y tal y que se yo…” explicaba el representante de la cinematográfica, quién además remarcaba la culpa de Cinex en el asunto. Nada. Perdido el juego del día.
Pero…un momento. Yo había descargado la noche anterior una aplicación de ESPN del mundial que prometía audio. “Listo, dije” y presto busqué mis audífonos blancos en el bolsillo. La sorpresa fue mayúscula: lo único “gratis” son los resultados. Para acceder al resto de las funciones -que las prometían como gratis- había que pagar 7,99$.  ”Gracias, Cadivi” exclamé resignado.
No obstante, al salir me encontré una sorpresa. En el “Meridiano Lounge” instalado en el Tolón, la pizarra marcaba empate a uno. Muy bonitos los puffs y las seis pantallas -ninguna en HD por cierto- y las promotoras de Coca-Cola.  ”¿Cómo metió gol Estados Unidos?”, pregunté a una chica ataviada en el uniforme inglés. “Se lo regaló el portero”, me respondió. Minutos después, con el final del partido, vi diez veces la repetición. La palabra regalo se queda corta, fue una pifia de clase mundial.
                                                                     EFE/ROLF VENNENBERND


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